Al lado de la carretera las chumberas mostraban los rosáceos tonos de los frutos y los almendros, en pictórica formación, exhibían el vívido matiz de la nieve, ramilletes de flores incontables y jubilosas, vestidos de brillantes colores, que es la exposición más dinámica de la vida.
Desde Gátova acudo a Tristán. Y contemplo entristecido la masía, que muestra el estado de su abandono, con la puerta del piso superior forzada.
Solo la imagen del reloj de sol parece sonreír, con la esperanza de que la masía recobre pronto su función de albergue o refugio.
Ahora, desde Tristán salgo de paseo. Sierra adentro. Triunfa en el cielo el azul. Un azul solemne y una luz que baña la Calderona, sus lienzos de rodeno, su vegetación...
Arribo al collado Roig y decido prolongar el paseo subiendo a Peñas Altas. Alcornoques, pinos, pimpollos, jaras, brezos y madroños orlan el camino. Asciendo a la cota más elevada: 826 m.
Enfrente el Monte Mayor realza su majestuosa faz. Y en lontananza el Penyagolosa recorta su regia silueta en la cristalina atmósfera, como flotando con su tono azulino.
Llego al final del camino. Y descubro un magnífico mirador natural sobre impresionantes desplomes de roca. Grandes losas de rodeno estructuran inclinación y verticalidad. Vistas de la sierra con Rebalsadors cercano. Y tortuosos caminos. Y fantásticas panorámicas:
Desde el Mediterráneo, pasando por Valencia, el Camp de Turia, Los Serranos, la cabecera del Alto Palancia…, hasta Gúdar.
El paseo me ha gustado. El Parque Natural de la Calderona es un espacio para disfrutar y que nos aporta valiosas experiencias.
Resaltaba mi amigo Carlos Ferrís en su libro "Excursiones en Familia 3. 20 rutas por la sierra Calderona", que "Los parques naturales en la Comunidad Valenciana son tesoros que debemos descubrir sin dejar huella de nuestra presencia… las generaciones futuras nos lo agradecerán y valorarán".